La ternera

Aurora Freijo Corbeira – Anagrama

Han pasado 2 años desde aquella tarde en la que, quería tal chute de evasión que -antes de meterme a que una señora llamada Arizona K me leyese las cartas del tarot en un sótano de Embajadores- fui a visitar a Miren (en Instagram @ahorasoylamua).

Miren, mi librera referente, especialista en Adivinología y Acierto Perpetuos, conocedora de mis gustos literarios trastornados -a veces envenenados, a veces redentores, siempre deliberadamente autolesivos – santa Miren, me vio entrar por la puerta y me dijo: hoy te llevas este.

Así llegó este libro a mis manos y, 2 años después, es el único libro de mis favoritos que no puedo-sé-meatrevoa-esposibleacaso- describir. 

Lo único que me atrevería a decir de La Ternera con total seguridad es que me descubrió a Aurora Freijo y a su escritura salvaje, concisa, bella, sorprendente y cuidada. También afirmaría que leerlo duele como el clavo en el hueso, duele como perder en un incendio cruel la casa donde creciste, duele como duele todo lo innombrable. 

Sigo fascinada con que alguien tenga la capacidad de narrar así. A veces vuelvo a este libro, buscando en él el filo y en mí ese primer corte blando, líquido, profundo y amplio -como el del Secreto Ibérico – de aquel domingo hace 2 años. 

Salí de la librería, prometí volver pronto – sabía que no iba a ocurrir y Miren, adivinóloga, lo sabía más aún – me fui al tarot de Embajadores, probé el vodka con Cacaolat, conocí a un tipo del que solo recuerdo que juraba ser el hijo secreto de Joaquín Sabina – era una noche cualquiera, puede ser que fuera trece, qué más da, pudiera ser que fuera martes – Arizona K me dijo: mi niña, hay un dolor sin nombre en ti.


A la mañana siguiente, presa de la deprivación de sueño, así, como duele todo lo innombrable, me adentré – y me perdí y me encontré – en La Ternera.

Tengo una rayada enorme e irresuelta con los trigger warnings en lo que a literatura respecta, pero solo hay un tema con el que no puedo evitarlos y es la violencia sexual, a la vez que solo tengo una capacidad innatamente más desarrollada que la de rayarme y es la de evitar conflictos.

Recomiendo siempre este libro y también recomiendo saber que es un plato de ternera absolutamente cruda.

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