En la boca del lobo

Elvira Lindo – Seix Barral

Julieta, lo sabía.
Te prometo que quería devorar el libro y a Guillermina y a tus lobos y a la vez no avanzar más en la lectura y a la vez perdonar, yo quería perdonarla, yo lo intento cada día, yo lo sabía, desde la tercera página, desde los suspensos y los brazos escuálidos.

Te prometo que cada vez que te veo aquí, fuera de las páginas, en una amiga nueva o en una de la infancia que de repente habla o en un tuit o en una película de Coixet o aquí, aquí, dentro de mí, intento no decirlo.
Lo sabía, lo sé, lo huelo, lo intuyo. Pero joder, Julieta.
He querido correr por el Rincón, arañarme los nudillos en la corteza de las sabinas, llorar y que mi llanto y mi rabia y mi sangre se estampen contra el asfalto como la lluvia que a ti te asustó, subirme al pajar exhausta y gritar
¿Por qué nadie se está dando cuenta?
¿Por qué, nadie ve esta úlcera séptica?

Julieta, no lo sé.
No sé por qué, por qué aquello, por qué esto, por qué el lobo, por qué la abuelita, por qué Caperucita. 
Por qué nadie repara en que ya no estás, que ese galgo famélico, solo es tu cuerpo, que tu ves la vida desde fuera, desde esa esquina o desde el bordillo de la acera cuando camines con amigos o desde el techo de la habitación la primera noche del primer viaje con tu primer novio, desde donde aprendiste que es mejor no rellenar todos los huecos.

Te prometo, Julieta, que solo hablo con los personajes de los libros que existís.
Lo tuyo ha sido una daga en la tripa o en el muslo, tal vez en el muslo, y así te acompaño y me acompaño en esa sangre y te veo y nos veo y te digo y nos digo que siempre hay alguien, algo, Emma, el gato, el vencejo, la hogaza crujiente de Leonardo, el regazo de Virtudes o el de su nieta tal vez (eso tambien lo sabía), una magdalena, la sombra de las higueras, yo, yo te cuido Julieta, yo te quiero salvar, yo no quiero que seas yo, yo quiero meterte en mi cama y arrullarte y decirte que lo sé, que lo sé todo, que lo sabía desde la tercera página, que te quedas en la aldea, nos quedamos.

Solo puedo protegerte recomendando que todos te lean, te cuiden, te intuyan.

Yo te quiero proteger, Julieta.
No del lobo, sino del futuro que cree que merece quien sabe cómo huele su boca.

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